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Cómo establecer límites a partir del respeto y la empatía



Implementar límites a los niños es una necesidad y es un factor clave para su felicidad y poder brindarle un bienestar emocional, tanto para ellos como para los que lo rodean, aunque muchas personas piensan, que los límites pueden y deben ponerse sin necesidad de acudir a los premios, castigos o al chantaje.


Sin duda alguna la disciplina es la base de la formación positiva de un ser humano. Es muy importante poner límites a partir del respeto, empatía y la amabilidad.


¿Qué son los límites y para qué sirven?

Establecer límites es necesario para educar a nuestros hijos para guiarlos en la vida, acerca de aquello que está bien y lo que está mal, es necesario que a través de los límites entiendan cómo se deben comportarse y relacionarse de forma sana con otras personas y puedan ser niños felices.


Disciplinar de forma positiva no es basarse en criar con límites impuestos por el adulto, más bien es tratar de dar una enseñanza profunda y consciente, que sea el niño o niña quien reflexione sobre las consecuencias de sus actos y que sea el mismo quien busque las soluciones para remediar el daño causado.




1) Hacer al niño partícipe de los límites

Cuando tenemos en cuenta la opinión del niño al momento de imponer ciertos límites, se sentirá valorado, respetado y escuchado, lo que le hará sentir bienestar y aceptar los límites de una mejor forma.


Evidentemente, somos los padres quienes establecemos la pauta coherente, sin dejar de tener en cuenta que existen ciertos límites que no pueden ser negociables, como cuando se trata de su seguridad y el respeto hacia los demás.


2) Poner límites proporcionados y justos

La disciplina es una filosofía que no resulte humillante ni para el niño ni para él. El principal objetivo es que el niño aprenda a actuar por autocontrol, pero para llevar a acabo esto muy importante poner límites equilibrados y respetuosos para todos.


3) Respeto mutuo y cooperación

Este tipo de disciplina evita dos cosas, por un lado en un autocontrol excesivo y el autoritarismo, por otra parte caer en ser muy permisivo, los límites establecidos deben ser basados en el respeto, la cooperación y la empatía.




4) Actuar con amabilidad, no permisividad

Cuando los padres comienzan a implementar la disciplina positiva, solemos caer en la permisividad y es entonces cuando confundimos la amabilidad con sobreprotección, de tal forma que a través de nuestras palabras estaremos dándole valor a sus sentimientos y motivándolos a conseguir una solución por sus propios medios, al mismo tiempo que ellos aprenden a manejar su enfado.


5) Hacer que el niño reflexione acerca de su conducta

Con frecuencia no sabemos cómo hacer para establecer los límites que colocamos a nuestros hijos sean respetados, y esto nos deja caer en chantajes emocionales, gritos, castigos pero también a los premios. Es decir, que solemos ser los adultos quienes controlamos la situación, imponiéndose autoritariamente, sin dejar que el niño pueda reflexionar sobre su conducta. Debemos tener en cuenta que para castigar o premiar al niño debemos agarrar al niño en la situación, esto es necesario para que el niño pueda recapacitar su comportamiento, de esta forma estaremos enseñándole a ser responsable.



6) Involucrar al niño en la búsqueda de una solución

La disciplina positiva, no se encuentra basada en reprender, castigar o sermonear a nuestros hijos, esta disciplina se basa en la firmeza y amabilidad, haciéndole ver sus actos y las consecuencias de ellos.


Es muy común que los padres sean quien impongan infinidades de reglas y aun así, estas son reforzadas con constantes sermones y castigos, que su única función es promover la rebeldía y traer consigo otras consecuencias negativas.


7) Ayudarle a reparar lo que ha hecho

Esta disciplina intenta dar la oportunidad de aprender en base a los errores o faltas cometidas, es necesario que se involucre al niño en tal acción, para que el mismo se haga responsable de sus errores y las consecuencias que conlleva.


En definitiva, debemos tener en cuenta que nuestra forma de actuar repercute directamente sobre la conducta de nuestros hijos, dejando que la disciplina positiva intenta brindarnos la oportunidad de imponer límites desde el respeto, la firmeza y la empatía de tal forma que nuestros actos repercuten en el niño de la siguiente forma:



Involucrándose estaremos respetando su sentido de pertenencia

  • Se sentirá escuchado

  • Sus opiniones y sentimientos son tomados en cuenta

  • Estaremos motivando su seguridad y a ser responsable

  • Afrontar sus errores sin hacerlo sentir humillado o avergonzado por haberse equivocado.

Todo esto resultará beneficioso en el bienestar emocional de nuestros hijos, esto generará un desarrollo de autocontrol con el pasar del tiempo, sin necesidad de sentirse supervisado por un adulto.


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